dissabte, 1 de gener de 2011

SALUD, ÁLVARO. BUEN VIAJE COMPAÑERO



Recuerdo cuando conocí a Álvaro Fernández Alonso. Curiosamente se juntó varias cosas ese día. Era la primera vez que viajaba a Barcelona. Era un bonito día de primavera. Y lo hacía con motivo de la presentación de un libro en el que había participado. El libro Aproximació a Mujeres Libres, editado por el CDMH y el Memorial Democràtic, y con la fundamental participación de María José (sin ella el libro hubiese sido imposible), se presentaba esa misma tarde en el la librería La Central del Raval. Tras recogerme María José en la Estación de Sants fuimos al encuentro de Álvaro, ya que el era uno de los que conformarían la mesa de presentación.

Desde el momento que nos dimos la mano comenzamos a compenetrarnos y surgió la amistad y el compañerismo. A pesar de que Álvaro era marxista y yo anarquista, no existía distancia en muchos de los puntos que tratábamos. Vi en Álvaro a esos luchadores antifranquistas que lo dieron todo por la causa de la libertad, aunque pelearan en organizaciones políticas distintas a la mía. Igualmente, frente a la satisfacción de esa lucha abnegada contra el franquismo ambos no estábamos conformes con lo que había surgido después, y por lo tanto la vigencia de la lucha seguía activa. En comida departimos de distintas cosas. La cordialidad y el compañerismo fue lo que imperó.

La presentación de la obra fue excepcional. Una sala llena. Recuerdo como Álvaro comenzó hablando catalán y luego dio un giro y siguió hablando en castellano. Me hizo gracia y después de la charla, dándole un abrazo se lo hice notar. Ambos nos reímos.

A partir de entonces me crucé varios correos con Álvaro. Además nos unía amistades en común sin saberlo. Ambos conocíamos a Manuel Blanco Chivite, uno de los que se salvó de aquellos fusilamientos fatídicos del 27 de septiembre de 1975. Militaba por entonces Manuel, como Álvaro, en el FRAP y el PCE-ML.

Lo mismo que recuerdo aquella primera vez que nos vimos, también recuerdo la última. Fue el pasado verano. Regresaba yo de la ciudad francesa de Montpellier e hice una parada en Barcelona para visitar y estar con amigos. Entre ellos Álvaro. Sabía que estaba enfermo. En su casa estuvimos departiendo de varias cosas. Recuerdo como definía a Stalin, con el simpático apelativo de “Satalín”. Al despedirnos le di la mano y nos dijimos que volveríamos a vernos.

Ya nunca más veré a Álvaro cuando vaya a Barcelona. Tengo la satisfacción de haber conocido a una persona excepcional, un luchador infatigable, un inconformista. Alguien a quien ni una enfermedad le paró en la lucha contra el capitalismo y por la lucha de una sociedad mejor. Alguien capaz de sentarse con gente que, sin tener sus ideas, también luchaban por mundos mejores y más justos.

Con este escrito un anarquista quiere mostrar su respeto y admiración para alguien que como Álvaro ha luchado y sigue luchando. Como dice un dicho anarquista, lo trasladamos al caso de Álvaro. Capitalistas, no cantéis victoria. Álvaro ha desaparicido físicamente, pero por su desaparición mil Álvaros nacerán para combatiros e instalar un mundo más justo con el socialismo como bandera.

Salud y anarquía.

Julián Vadillo Muñoz




Le hubieran encantado a Álvaro tus palabras, pues a pesar de que no fue mucho el tiempo compartido, desarrolló por ti una admiración y un aprecio enorme. Hubo una sintonía perfecta. Álvaro no era sectáreo, le gustaba el diálogo, casi siempre apasionado, y siempre encontraba aquel punto en común del que sacar la parte positiva cuando las personas eran buena gente con mayúscula, como es tu caso. Para él fue una gran satisfacción presentar el libro sobre Mujeres Libres, porque la memoria para él no tenía sólo un color, y para él todo luchador antifascista, militara donde militara, era un motivo para seguir luchando hoy en día por el reconocimiento que aún se les niega. Un fuertísimo y fraternal abrazo Julián y como él te hubiera dicho: salud, antifascismo y república, compañero.

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